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El rugby, un deporte de velocidad, fuerza y resistencia, tuvo un origen bastante particular. Un día cualquiera, mientras corría el año de 1823, mientras se jugaba un partido de fútbol tradicional en la Rugby School de Inglaterra, el estudiante William Webb Ellis tuvo la disparatada idea de hacer trampa tomando el balón con las manos y llevándose por delante a todos sus adversarios, hasta llegar a la portería contraria.
Así se registró el nacimiento de este deporte, que fue bautizado como Rugby en honor a la ciudad inglesa donde nació. El rugby comenzó a hacerse muy popular en las escuelas y universidades de Inglaterra, por lo que en el año 1871 se fundó la Rugby Football Union y a la par se redactó el primer reglamento para el deporte. Un año más tarde comenzaron a realizarse torneos y eventos anuales entre Cambridge y Oxford.
Poco a poco el deporte se fue afianzando y a finales del Siglo XIX se estableció un importante torneo: el Torneo de las Cinco naciones, en el cual participan Escocia, Irlanda, Inglaterra, Gales y Francia. Y en el año 1908 comenzó a hacer parte de los Juegos Olímpicos y lo fue solo por tres certámenes más, hasta que en el año 1924 el Comité Olímpico Internacional canceló el rugby como deporte olímpico.
Ya durante la segunda mitad del siglo XX se han desarrollado numerosas técnicas y teorías sobre cómo jugar mejor al rugby y se ha difundido el juego en varios países del mundo, como Rumania, España, Portugal, Escocia, Francia, Italia, Gales, Inglaterra, Rusia, Georgia, Canadá, Argentina, Uruguay e incluso a territorios africanos como Zimbabue, Madagascar y Costa de Marfil.
El juego de rugby se presenta como un deporte de múltiples requerimientos físicos, técnicos y anímicos, donde la velocidad, el contacto físico extremo entre los jugadores, y el desarrollo táctico son sus principios fundamentales. Muchas veces es visto como un deporte demasiado rudo y violento, dada la gran fuerza física que se imprime en cada juego, sin embargo no es sólo la fuerza su principal instrumento, el rugby también es un deporte de gran habilidad e inteligencia estratégica.
De igual forma, como en todos los deportes, siempre hay lesiones y heridas, y por ello los jugadores deben utilizar unas prendas acolchadas para proteger su rostro y el cuerpo.
Además, a pesar de su rudeza, la amistad y la caballerosidad son características muy arraigadas en quienes practican este deporte. De ahí que se le conozca como el deporte de “villanos practicado por caballeros”. Tanto es así, que han implementado un “tercer tiempo” simbólico, que es una especie de reunión social donde comparten jugadores, entrenadores, árbitros y hasta parte del público.
El juego se realiza entre dos equipos, cada uno de 15 jugadores. Los postes de meta en una cancha estándar están separados 5,64 m. Tienen un travesaño a 3 m. La pelota es ovalada y mide de 28 a 30 cm de largo y 58 a 62 cm de circunferencia. El juego está controlado por un arbitro ayudado por dos jueces de línea.
En las competiciones los partidos tienen 2 tiempos de 40 min., con un descanso de 5 min., en el intermedio.
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