La
sal cristalina del Himalaya es un tipo de sal mineral, que se extrae de una serie de yacimientos formados a partir de depósitos marinos, con más de 200 millones de años de antigüedad, que se encuentran distribuidos en las montañas de Pakistán, en el distrito de Jhelum, y en Nepal. Forma estructuras con cristales de color rosa pálido, y es esta coloración la que lo hace distinta, ya que es debido a su composición química.
La constitución de esta sal no dista mucho de la de la sal común, con la diferencia de que no es una sal refinada ya que se compone en un 97 % de cloruro de sodio (NaCl) y el 3 % restante es una mezcla de varios minerales como
magnesio (que es el que se encuentra en mayor proporción, hasta un 0,7%), calcio, cromo, cobre, cobalto, manganeso, silicio, zinc, hierro, potasio, selenio, yodo y otros minerales en proporción infinitesimal, hasta un total de ochenta y cuatro diferentes.
Debido a los minerales que contiene, su extracción y limpieza se realizan a mano para no contaminarla con otros elementos químicos no deseados, y esto también eleva su precio. Esta sal ha empezado a comercializarse, desde hace sólo unos 20 años, tanto en Europa como Australia y Estados Unidos, por sus propiedades beneficiosas. Se presenta en bolsas con cristales rosados y se muele (con un molinillo de café por ejemplo) en el momento de su utilización.
Existen variedades que no tienen color rosado, debido a que la proporción de minerales que la acompañan que varían según el yacimiento del que es extraída, sin embargo se agrupan todas bajo la denominación de Sal Cristalina del Himalaya.
Para aprovechar sus cualidades puede emplearse como condimento, utilizándose en sustitución de la sal de mesa (previamente molida) y como bebida en solución. Otra de sus aplicaciones es como Sal Kosher que es la sal pura, sin aditivos, empleada para la preparación en salazón de algunos alimentos en la tradición culinaria judía. En personas con la tensión alta deben consultar con su médico antes de ingerir ésta o cualquier otro
tipo de sal.
Al igual que la sal común, también puede usarse tópicamente disuelta en agua, para inhalaciones nasales, lavados oculares, baños (por sus propiedades relajantes y depurativas), cataplasmas, incluso puede aplicarse a modo de máscara facial, para la eliminación de células muertas, y para hacer gárgaras, mejorando las irritaciones leves de garganta.
Otro uso curioso de las sales del Himalaya viene de la mano de la sabiduría oriental del
Feng Shui , cuyos preceptos recomiendan colocar lámparas en los rincones oscuros de nuestro hogar para reforzar el Qi (pronunciado como “Chi”), la fuerza vital presente en todos los seres vivos.
La iluminación con lámparas de sal proporciona una combinación muy estética y relajante de luz y color, y las hay de innumerables formas y tamaños. Estas lámparas no deben limpiarse con ningún elemento húmedo, para evitar su deterioro por disolución, sólo cepillarlas suavemente o frotarlas con un paño seco. Tampoco son adecuadas para exteriores.
Estas sales, así como las lámparas, pueden conseguirse en herbolarios, tiendas especializadas y también en tiendas “on line”, por internet. Sus precios son enormemente variables según donde se adquieran, por lo que es interesante comparar distintas opciones antes de decidirse a comprar este producto.