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Dieta flexitariana


dieta flexitariana


La dieta que hoy comentamos en nuestro blog, no es una dieta en sí misma, porque no persigue un fin de “perder kilos” como propósito de base, más que una dieta es una filosofía de vida, un modo de alimentación alejado de extremos y que, a pesar de ser relativamente reciente, siguen ya millones de personas en el mundo.

Según los archivos consultados, el término “flexitariano”, data de 1992, cuando la reportera Linda Anthony escribió un artículo en el Austin American-Stastesman sobre el restaurante “Acorn Café” de Austin (Texas) en el que servían comida flexitariana, menús basados en vegetales , pero que ocasionalmente pueden incluir productos de origen animal, en muy baja proporción.

El término se forma combinando dos términos: “flexible” y “vegetariano ”; las organizaciones vegetarianas no lo admiten como una categoría dentro del vegetarianismo porque aunque el gran consumo de vegetales hace que se encuentre muy próximo a este tipo de alimentación, no es lo mismo. Ser Flexitariano no es ser vegetariano con excepciones, porque un vegetariano no come nunca carne o pescado. Lo que define a un flexitariano no es lo que come, sino la frecuencia con la que lo hace. El consumo de alimentos animales es ocasional.

La dieta flexitariana ganó gran popularidad en Estados Unidos gracias al libro “The Flexitarian Diet: The Mostly Vegetarian Way to Lose Weight, Be Healthier, Prevent Disease, and Add Years to Your Life“, de Dawn Jackson Blatner. En este libro se utiliza este tipo de dieta para perder peso, pero no sólo sirve para eso, se ha extendido rápidamente al resto del mundo por ser un tipo de alimentación muy adecuado para aquellos que deseen mejorar su salud.

Al estar basada en el consumo de verduras, frutas, legumbres y frutos secos, reduce rápidamente los niveles de triglicéridos y colesterol, contribuye a disminuir la hipertensión arterial y protege al corazón, porque se consumen muy pocas grasas saturadas. Y como se incluyen pequeñas cantidades de pescado y carne, los aportes de ácidos grasos Omega 3 y los aminoácidos esenciales, y las vitaminas (como la B12) evitan carencias nutricionales.

La dieta flexitariana

Este tipo de dieta permite que de vez en cuando, se puedan hacer excepciones, como ir a comer con los amigos a un restaurante o con la familia en casa, y saltarse ese día nuestra dieta no supone trastorno alguno, ni genera sentimiento de culpa, porque entra dentro de la ocasionalidad o flexibilidad de esta filosofía de alimentación.

Existen montones de recetas flexitarianas, pero podemos adaptar las nuestras, ya que para que podamos incluirlas sólo tenemos que tener en cuenta que las cantidades de productos de origen animal serán moderadas, en un plato normal sería de 150 a 200 g y en uno flexitariano rondaría entre los 50 a 75 g de peso.

Se prioriza el consumo de pescado sobre carnes blancas, y éstas sobre las carnes rojas. También se procura que las carnes sean de origen biológico, por salud, pero también por entender que la dignidad animal es importante. Huevos de gallinas criadas en libertad, y no en jaulas de explotación intensiva, y no consumir productos para cuya obtención sea necesario el sufrimiento animal, como el foie de oca o pato.

Si estamos interesados en empezar a practicar este tipo de dieta podemos hacerlo de forma progresiva, disminuyendo el consumo de carne y pescado mientras vamos aumentando el de los vegetales. Existen alternativas con textura y sabor similar como el Seitán, una especie de carne vegetal que se prepara a partir del gluten del trigo, y el Tofu seco que se parece a la carne picada, que pueden ayudarnos a no echar tanto de menos, al principio, la abundancia de carne en nuestras comidas. También el Umami, un nuevo condimento con sabor a carne, elaborado a partir del glutamato monosódico (que se encuentra en carnes, pescados, tomates, y setas) puede utilizarse  y además ayuda a reducir en un 50% la sal de los alimentos sin renunciar al sabor. Añadir alimentos nuevos a nuestra cesta de la compra, como los que contienen granos integrales (con su reserva de vitamina E, betaglucanos, fitosteroles, magnesio, etc. ) es descubrir nuevos sabores en el arroz y la pasta integral, pero también en los distintos tipos de trigo (sarraceno, triticale, bulgur,…), o la cebada, el centeno, el mijo, el sorgo ó la espelta.

Poco a poco podemos elaborar platos totalmente vegetarianos, y de vez en cuando, (los fines de semana por ejemplo) incluir comidas con carne, pescado, marisco, o huevos.

Los beneficios de esta nueva forma de alimentación no se hacen esperar, ya que mejoran muchas enfermedades crónicas, como el cáncer, la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, ya que se ingieren menos grasas saturadas, menos purinas, menos sodio y azúcares refinados, y más fibra, grasas insaturadas y antioxidantes. Las hortalizas, y frutas tienen además un poder saciante que hace que podamos ingerir hasta un 40% menos de calorías y estar saciados; esto es particularmente útil cuando deseamos perder peso, comiendo sano y sin sentir hambre.

En cualquier caso, si decidís cambiar vuestra dieta, consultar con un nutricionista para que os guíe en el modo correcto de realizar el cambio sin perder ninguno de nuestros nutrientes esenciales.







 
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