Los carbohidratos , una vez digeridos, se convierten en
glucosa , que pasa de la sangre a las células por la mediación de la hormona insulina. Esta hormona también aumenta la lipogénesis o acumulación de grasa de reserva, así como también estimula el anabolismo proteico, esto es: la formación de músculo. Por ello hay que tener una alimentación ajustada que permita a la insulina incorporar proteína al músculo minimizando el almacén de grasa en los tejidos adiposos. Para realizar tal hazaña hay que seguir una serie de
recomendaciones :
- Tomar suficientes hidratos de carbono, como base de la alimentación
- Mínimo 20-25 gramos de aceites poliinstaurados vírgenes todos los días
- Tomar la mayoría de carbohidratos por la mañana, rotando hacia las proteínas según avanza el día
- Beber mucho agua, más de lo que tu sed te pida
Las recomendaciones dadas tienen su explicación razonada. Por ejemplo, el repetir la ingesta en cinco o más tomas implica un menor importe calórico por toma, lo cual ayuda a una menor asimilación de los alimentos, a la vez que no deja al cuerpo largas horas de inanición para luego forzarle con una gran carga calórica, que obliga a un gran esfuerzo y desequilibra el sistema hormonal disparando la insulina, que al detectar exceso de calorías momentáneo, tiende a acumularlas en forma de grasa.