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Cada día, desde que nos levantamos y estamos conscientes, miles y miles de pensamientos viajan por nuestra mente. Pensamientos de toda índole: sobre acciones que vamos a realizar, sobre aspectos de nuestra vida y pensamientos sobre algunas personas en particular. Ésta acción la realizamos durante todo el tiempo en que estemos conscientes, hasta el momento en el que vamos a dormir, que es cuando otro factor se apodera de nuestra mente: el sueño.
La acción de pensar se traduce en imaginar, meditar, considerar, razonar, reflexionar. El pensamiento es una manifestación de la racionalidad humana que depende de la organización fisiológica del sistema nervioso, especialmente del encéfalo. Se dice que el cerebro produce el pensamiento como el hígado produce la bilis.
De igual forma el pensamiento está íntimamente relacionado con el conocimiento y la inteligencia, siendo ésta última la capacidad de comprender, entender, crear símbolos y resolver situaciones.
Si no hubiera conocimiento no habría pensamiento porque éste siempre opera en el campo de lo conocido, en el pasado, y también se anticipa al futuro.
El pensamiento es algo inherente al ser humano. Todos los seres humanos tienen la capacidad de pensar, pero no todos piensan de manera igual ni parten de los mismos estímulos, lo que hace al pensamiento algo más complejo e interesante. El pensamiento siempre está activo en nuestra mente y fluctúa entre el pasado, el futuro, las posibilidades de lo que debería y no debería ser y los cuestionamientos sobre el cómo, el dónde, el cuándo y el por qué de determinadas cosas. La función más importante del pensamiento es su capacidad de resolver problemas a través del razonamiento.
Otra de sus características es que no necesita de la presencia de las cosas para que éstas existan. Pero el pensamiento no capta la experiencia como tal, sino que forma imágenes de la situación u objeto de pensamiento o trae a colación las imágenes de recuerdos archivados en la mente.
Cuando se habla de concentración mental, lo que se busca es relajar la mente. Para lograr que ésta última se relaje, se busca vaciarla de su contenido, es decir, liberarla de pensamientos. Pero lograr esa concentración es un proceso complicado, puesto que los pensamientos están constantemente presentes en nuestra mente y son casi mecánicos y constantes reflejos de nuestra memoria, manifestándose en imágenes, ideas o dialogo interno. Científicamente el pensamiento se ha clasificado en varios tipos:
• Deductivo: aquél que va de lo general a lo específico. • Inductivo: contrario al deductivo va de lo específico a lo general. • Analítico: separa el todo en partes que son categorizadas. • De síntesis: reúne un todo por la conjunción de sus partes. • Creativo: crea, modifica e innova. • Sistémico: visiona de manera compleja varios elementos con sus diferentes interrelaciones. • Crítico: Evalúa el pensamiento y examina los razonamientos sobre cuestiones de la vida diaria. Es analítico y evaluativo. • Interrogativo: se hace preguntas sobre lo que se quiere o interesa saber.
La mente y todas sus manifestaciones, (pensamientos y sueños), son sumamente poderosos. Siendo los pensamientos los que más presentes están, debemos enfocarlos en generar cosas buenas para nosotros mismos y para quienes nos rodean. Para ello es importante alejar los pensamientos negativos o los pensamientos sobre fracasos del pasado y generar pensamientos llenos de positivismo para que atraigan cosas buenas.
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