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La alergia a un alimento se presenta cuando el sistema inmunológico reconoce como tóxico algo que la persona ha consumido. A su vez los componentes de los alimentos que provocan las alergias son conocidos como alérgenos.
Cuando estos ingresan al organismo, el sistema de defensas intenta combatirlos produciendo unos anticuerpos conocidos como inmunoglobulinas, induciendo a la producción de histamina en la sangre. Esta última sustancia es la responsable de los síntomas típicos de una reacción alérgica, como son ojos llorosos, picor en nariz, goteo nasal, picor e inflamación de la garganta, manchas, urticaria en la piel y síntomas más graves como la inflamación de las mucosas, lo que puede producir asfixia.
Si bien los frutos secos son alimentos bastante nutritivos, pues aportan más de 500 calorías de media por 100 gramos, concentran proteínas, grasas y altas dosis de vitaminas, minerales y fibra, son igualmente potenciales alergénicos, en especial el cacahuete.
La alergia a frutos secos se trata de un problema relativamente frecuente e importante en niños y adolescentes, no tanto por la suspensión de los mismos, lo cual no supone un déficit relevante, sino también por el peligro de reacciones no esperadas al ser los frutos secos en muchas ocasiones “alérgenos ocultos”.
Cuando alguien presenta una alergia a un determinado fruto seco suele perdurar toda la vida a diferencia de otras alergias donde se pueden superar con los años, como es el caso del pescado o los huevos.
Las reacciones alérgicas a frutos secos son responsables de la mayoría de las reacciones anafilácticas “fatales o casi fatales”.
Ante una reacción anafiláctica el tratamiento de elección es la adrenalina. Cuanto antes se emplee mejor, ya que esto puede evitar una posible reacción fatal. Otros tratamientos de apoyo son los corticosteroides y los antihistamínicos, los cuales se pueden emplear como primera elección en caso de reacciones más leves.
Una vez demostrado el diagnóstico, el tratamiento de elección es el no consumo del fruto seco. Para ello es importante identificar cuáles son los frutos secos y los alimentos que los contengan.
Los frutos secos comprenden cacahuetes, almendras, todo tipo de nueces, avellanas, pistachos, anacardos, pipas de girasol, piñones y castañas.
Los productos cuyo ingrediente principal es el fruto seco son: mazapán, girlache, turrón, ciertos bombones, pastas y cremas que contengan frutos secos (por ejemplo, crema de cacao, mantequilla de cacahuete, de almendra, etc.)
Determinados productos de repostería y panadería: bizcochos, panes de semillas, galletas, bollos, cereales de desayuno, barritas de cereales, etc. Los frutos secos se añaden a una variedad cada vez mayor de alimentos tales como las salsas de barbacoa y los helados, por ejemplo. También existen aceites de frutos secos, como el aceite de girasol, de avellanas, etc.
Los frutos secos, aunque contienen numerosos nutrientes, no son esenciales en nuestra dieta, por lo que es fácil prescindir de los mismos. El problema radica, como ya se ha comentado, en el etiquetado, ya que a veces aparecen como alérgenos ocultos, y en el caso de niños pequeños en los despistes que puedan cometer los padres en cumpleaños y otras fiestas.
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