Según apareció publicado a finales del mes de Enero, en la prestigiosa revista científica “Oncogene”, un grupo de investigadores de la Universidad de East Anglia en el Reino Unido, dirigidos por el doctor Andrew Chantry ha conseguido identificar un gen que favorece que el cáncer se disemine por el cuerpo en lugar de permanecer en su lugar de origen, uno de los mecanismos más buscados por varios grupos de científicos en todo el mundo.
Como es sabido, un tumor (ó neoplasia) es una proliferación anormal de un tipo de células de nuestro organismo, que puede darse a cualquier edad, y que puede quedarse encapsulado en el lugar de su formación (tumores benignos) o fragmentarse y lanzar sus células a través de las vías sanguíneas o linfáticas hacia otros lugares del organismo (proceso conocido como metástasis) donde se asienta, comienza a multiplicarse y forma los tumores secundarios tan temidos por los oncólogos (tumores malignos ó cáncer, palabra derivada del latín que significa “cangrejo”, y hace referencia a la forma en la que se disponen los tumores malignos en el cuerpo, comprimida y con ramificaciones).
Los tumores se producen por anormalidades en el material genético de la célula, que pueden ser causados por agentes externos como radiación (rayos ultravioleta), productos químicos (tabaco, agentes contaminantes), agentes infecciosos (algunos virus, bacterias, etc.), factores hereditarios (antepasados con historial clínico de cáncer), ó factores intrínsecos a la célula como el que ahora nos ocupa, de un gen mutado que no funciona como debería.
Tras la realización de una serie de experimentos en tejidos cultivados en laboratorio, se ha podido comprobar que la mutación del gen WWP2, que codifica la fabricación de una enzima muy especializada, es la que permite la formación de tumores en otras zonas del cuerpo, puesto que en su variante mutada, presente en los enfermos de cáncer, no realiza correctamente su función.
Los investigadores son optimistas con las consecuencias de este experimento, ya que tienen la esperanza de que este estudio facilite la creación de una nueva generación de fármacos que ayude a detener el cáncer, sobre todo en aquellos tipos caracterizados por extenderse a otros órganos, actuando directamente sobre el gen anormal.
El estudio nos presenta una nueva forma de entender los mecanismos que utilizan los tumores para crecer y esparcirse por otros lugares. Algunos como el cáncer de mama, por ejemplo, se caracterizan por colonizar de forma secundaria los ganglios linfáticos, los pulmones, el hígado, el cerebro y los huesos. Estos tumores secundarios son mucho más agresivos y complicados de tratar.
Para poder llegar a otras regiones del organismo, el cáncer utiliza un gen presente en todas las células, llamado WWP2, cuya misión es codificar una enzima que destruye un inhibidor (llamado Smad7) que controla el correcto crecimiento célular. Sin Smad7, el cáncer avanza deprisa, deja de estar encapsulado en el lugar de su inicio y es capaz de enviar células cancerígenas a través del torrente sanguíneo hacia otras zonas del cuerpo donde se extiende de forma aun más virulenta.
El director de este estudio, el Dr. Andrew Chantry, manifiesta que éste es un hallazgo muy importante, con gran potencial en el tratamiento del cáncer, puesto que aunque no es un remedio para curar la enfermedad, sí es la vía que nos conduce a nuevos mecanismos de control de las metástasis, y eso nos llevaría a aumentar el tiempo y la calidad de vida de los pacientes.
Su grupo de investigación trabaja ahora con otro equipo de investigadores químicos, formando un gran conjunto interdisciplinar, para conseguir diseñar fármacos que puedan bloquear el gen mutado, este gen “pícaro”, en los pacientes oncológicos. Este método, con menos efectos secundarios y mucho menos invasivo (puesto que limitaría el uso de la cirugía sólo a ciertos tipos de cáncer) llevará algún tiempo ponerlo a punto ya que la media de desarrollo y puesta en marcha de los nuevos medicamentos es de entre cinco y diez años, siguiendo los protocolos clínicos.
Kat Arney, portavoz de la organización Cancer Resarch (Investigación sobre el Cáncer) del Reino Unido ha expresado su satisfacción por este descubrimiento aunque con cierta cautela. “En las décadas recientes, investigadores de todo el mundo han descubierto varios genes que impulsan el crecimiento y la extensión del cáncer y esta investigación es una más en una lista que sigue creciendo", declaró.