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La hiperactividad se constituye como una patología que causa importantes déficit en la calidad de vida de las personas que la padecen y supone un comportamiento muy inquieto y una significativa falta de atención.
Desde que se tiene conocimiento de este trastorno, ha recibido diferentes nombres: Déficit de atención, daño o disfunción cerebral mínima, hiperkinesia, hiperactividad, pero todos englobando siempre la misma alteración: la falta atención, la cual a menudo se da con una extrema actividad motora.
Estudios indican que la hiperactividad es de origen neurológico y que incide de un 3% a un 5% de la población infantil, siendo más frecuente en niños que en niñas. En los niños la hiperactividad es considerada como normal, cuando se produce dentro de una etapa de la vida, alrededor de los dos o tres años. El que un niño sea inquieto no tiene nada que ver con la sintomatología general de la hiperactividad, pues algunos otros síntomas son la falta de atención y la impulsividad.
No existe una causal específica del trastorno, aunque la herencia genética es la más cercana. Sin embargo cuando no existen datos hereditarios que justifiquen la hiperactividad en una persona, se cree que factores como las dificultades durante el embarazo, la exposición prenatal al alcohol y al tabaco, el parto prematuro, altos niveles de plomo en el cuerpo o los traumas cerebrales durante los partos complicados, son otras posibles causales del trastorno.
Durante mucho tiempo se tuvo la creencia que la hiperactividad sólo afectaba durante la niñez y adolescencia y que al llegar a la edad adulta se podría superar. Sin embargo estudios han demostrado que hasta un 67% de los niños diagnosticados con este trastorno, continuarán presentando los síntomas de este mal, que interfiere significativamente con el desempeño académico, vocacional o social, durante la adultez. Sin embargo es difícil determinar cuándo un adulto presenta hiperactividad, pues con frecuencia los síntomas se ocultan con tras los problemas en las relaciones, la organización, las alteraciones del estado de ánimo, el abuso de sustancias, el empleo u otras dificultades sicológicas. Por tal razón muchos adultos permanecen sin ser identificados y sin recibir tratamiento.
Pero si una persona presenta los siguientes síntomas: falta de atención en los detalles, comete errores por descuido en el trabajo, tiene dificultad para sostener la atención en las tareas o en las actividades que realiza, no escucha cuando se le habla, se siente intranquilo o inquieto, no sigue instrucciones de principio a fin, no puede controlarse, hablan excesivamente, contesta abruptamente antes de que las preguntas se hayan completado, se distrae fácilmente, es impaciente y olvidadizo, realmente ameritaría una consulta con un especialista que dictamine un diagnóstico sobre la existencia o no de la hiperactividad.
Para este trastorno no existe una cura específica, pero hay muchos tratamientos que pueden ayudar a manejar los síntomas. El principal es la educación de los miembros de la familia acerca de la naturaleza y el manejo del problema. De igual forma el diagnóstico apropiado y el tratamiento efectivo pueden ayudar a mejorar la autoestima, la ejecución y las destrezas en el trabajo, los logros académicos y las aptitudes sociales de las personas.
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