La hematuria es la presencia de hematíes (glóbulos rojos o eritrocitos) en la orina.
Se habla de Microhematuria (MH) o
Microhematuria Asintomática (sin síntomas) Aislada cuando sin tener ningún otro síntoma o afección se detectan entre tres y cien glóbulos rojos por campo de alta resolución (400x) en el sedimento de una muestra de orina fresca que haya sido previamente centrifugada y emitida a primera hora de la mañana.
Si este caso ocurre en dos o tres muestras de orina que hayan sido recogidas adecuadamente (tomando la muestra en mitad de la micción) en un intervalo mayor de diez días se dice que es Significativa ó Persistente.
Los métodos de detección de sangre en orina más eficaces son la tira reactiva o dipstick (detecta la presencia de hematíes intactos y hemoglobina libre procedente de hematíes rotos) y si el resultado es positivo, en dos muestras recogidas a primera hora de la mañana con un intervalo de 15 a 30 días se confirmaría con el examen del sedimento urinario, que incluye una serie de pruebas posteriores, como la evaluación a través de la observación por microscopio óptico (con el que pueden observarse directamente las células).
Las tiras de orina no suelen tener falsos negativos y casi con toda seguridad un resultado negativo excluiría una hematuria. Sí pueden darse falsos positivos si existe hemoglobina libre (la hemoglobina es la proteina encargada del transporte del oxígeno por la sangre y viaja en el interior de los glóbulos rojos), mioglobinuria (presencia de mioglobina en orina) y con la presencia de metabolitos como el ácido homogentísico, la melanina, porfirina o algunos fármacos como el ibuprofeno, sulfamidas, salicilatos, quinina, levodopa, etc. que se excretan por la orina. Por ello si se está tomando medicación los resultados del análisis serían erróneos.
La microhematuria asintomática se suele dar en hasta un 20% de la población general, sobre todo en las personas de más edad (a partir de los 60 años). Puede ocurrir de forma no patológica tras la realización de actividad física intensa, actividad sexual, por contaminación menstrual o en personas sometidas a instrumentación urológica en las 48 horas previas al análisis, en estos casos se hablaría de
microhematuria transitoria puesto que una vez finalizada la actividad que lo ha provocado ya no se detecta al cabo de unos días.
En cuanto a la extensión del estudio inicial y el seguimiento de una microhematuria, hay diferencia de criterio entre los autores consultados.
La mayoría de ellos creen que la persistencia en el tiempo de una microhematuria asintomática de etiología (origen) desconocida debe ser considerada un fallo de diagnóstico obligando a su seguimiento, para descartar la existencia de hipercalcinuria (exceso de calcio en orina) o hiperuricosuria (exceso de acido úrico en orina) que son las causas más frecuentes de las microhematurias aisladas, aunque existen estudios que las asocian a eventos renales adversos, o enfermedades sistémicas y esto justifica la derivación de estos pacientes a un especialista que les realice un seguimiento regular para descartar dolencias más graves.
En general la causa más frecuente es la
infección de próstata o vejiga, y otras infecciones del tracto urinario aunque también pueden darse enfermedades glomerulares (que afecten a la forma y función de los propios glóbulos rojos) enfermedades infecciosas (como la tuberculosis o la pielonefritis), distintos tipos de cáncer como carcinomas uroteliales (sobre todo en gente mayor) y algunos traumatismos, producidos frecuentemente en
deportes de contacto y ejercicio vigoroso.
Podemos decir, que la evaluación inicial junto con la historia clínica (historia familiar con antecedentes de fallos renales, toma de medicamentos, traumatismos recientes, dolores unilaterales en un flanco persistentes) y la exploración física son fundamentales.
Para una evaluación inicial se incluirían pruebas diagnósticas como hemograma, bioquímica, orina elemental con sedimento, urocultivo, uricosuria y calciuria. Para
microhematurias glomerulares se requerirá una valoración más detallada por el nefrólogo con pruebas específicas de anticuerpos y quizá una biopsia renal. Si la microhematuria es no glomerular deben hacerse estudios posteriores, en jóvenes la urografía intravenosa suele ser la mejor opción mientas que en mayores de 50 años se recomienda la ecografía, y si estas pruebas no fueran concluyentes puede realizarse una cistoscopia (exploración endoscópica en la que se introduce un tubo delgado a través del meato uretral y por la que se accede a la uretra y vejiga urinaria) y se pueden realizar resecciones de lesiones si se encontraran o tomar una biopsia.
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