El
propóleo ó própolis es un conjunto de sustancias que obtienen las abejas de las yemas de los árboles y otras partes de ciertos vegetales, que procesan con sus secreciones salivares, y con el que recubren la colmena para que con sus propiedades antibióticas les ayudan a combatir las bacterias, virus y hongos que puedan penetrar en su interior.
Su consistencia y color varían bastante. Hasta los 15 grados centígrados es duro, y según aumenta la temperatura se vuelve más maleable llegando a la fusión entre los 60 y los 70 grados. La gama de color va desde el amarillo claro al marrón oscuro según el vegetal del que ha sido extraído.
La composición química del própolis es compleja (puede contener hasta 160 sustancias) y varía en función de la fuente de la que proceda. Encontramos flavonoides como las flavonas e isoflavonas (unos compuestos coloreados con potente acción antiséptica, y propiedades inmunoestimulantes), resinas y bálsamos (50%), cera de abeja (30%), aceites esenciales (10%), polen (5%) y algunos minerales: aluminio, plata (potente bactericida), bario, boro, cobalto, cromo, hierro y estaño. También en cantidades menores se detectan provitamina A y vitaminas del grupo B, especialmente B3 (nicotinamida) y algunas lactonas, cumarinas, triglicéridos fenólicos, aminoácidos y polisacáridos (azúcares).
Las abejas sin aguijón de la tribu Meliponini recubren toda su colmena, (mucho más pequeña que la de las abejas con aguijón) con un involucro (lámina o membrana) fabricado con cerumen formado con una mezcla de propóleo y cera. Con betumen (propóleo pegajoso mezclado con barro, también llamado geopropóleo) cierran las aberturas donde confinarán la colonia en los troncos.
La cantidad de propóleo que puede producir una colmena al año varía según la raza de abeja, y se encuentra entre los 150 g y 300 g.
La recolección se realiza en primavera tras el fin del tiempo frío, extrayéndolo de la colmena con cuidado. Luego se limpia con agua caliente para eliminar los restos de impurezas. La consistencia en este momento del propóleo es parecida a una goma de mascar. Una vez procesada, toma una forma granulosa y floja, de color ligeramente oscuro. Debe conservarse en recipientes de vidrio, nunca de plástico, alejado del aire y de la luz.
En establecimientos especializados podemos encontrar
tintura de propóleo, que se prepara como extracto alcohólico de propóleo en proporciones variables entre el 15 y el 30% (en peso/volumen). Se obtienen mezclando propóleos con etanol (alcohol etílico) de 70º, con una maceración de 7 días como mínimo, agitando frecuentemente, después se filtra con malla de poro fino. La tintura se envasa, una vez terminada, en frascos ámbar, que lo protege de la luz y a temperatura ambiente.
Además de las propiedades que ya hemos mencionado (antibióticas y antivirales) se han ido descubriendo otras que ya se están utilizando en la medicina alternativa por sus capacidades antitumorales, cicatrizantes, inmunoestimulantes, antiinflamatorias y ligeramente anestésicas.
A lo largo de la historia el propóleo ha sido utilizado en el tratamiento de animales con fiebre aftosa, necrosis bacilar, mastitis y helmintiasis (parasitosis) en ovejas. También se ha usado en la confección de finísimas y resistentes lacas para el pintado de instrumentos musicales de cuerda.
Su utilización en seres humanos debe hacerse con reserva (existen muchas intolerancias y alergias a algunos de los productos de las abejas o a las mismas abejas), en caso de asma bronquial alérgica puede empeorar los síntomas, por lo que siempre debe aplicarse con la supervisión de un especialista.
Podemos encontrarlo en forma de extracto, aceite, tintura, comprimidos o cremas, según la aplicación que deseemos darle. Veremos algunas de sus aplicaciones más comunes:
Boca y garganta: para aliviar los síntomas de anginas, faringitis, laringitis, llagas bucales, muguete y abscesos dentales.
Vías respiratorias y auditivas: Sinusitis, bronquitis, neumonía, tuberculosis, otitis, y en los resfriados y gripes.
Estómago y colon: En pacientes con úlcera gástrica ayuda a combatir a la bacteria "Helicobacter Pylori", responsable de gran parte de las gastritis. Disminuye los síntomas en pacientes afectados por Diverticolitis, enfermedad de Crohn y diarrea de candidiasis intestinal.
Ginecología: Combate las cándidas (hongos), alivia llagas uterinas, inflamaciones vaginales y picazones que suelen responder muy bien a los
lavados de propóleo diluido en agua.
Dermatología: Se utiliza el propóleo para el tratamiento de abscesos, psoriasis, sabañones, forúnculos, grietas, contra las micosis u hongos de la piel y uñas, verrugas y acné, en las ulceraciones irritativas de las manos, (llamadas comúnmente "alergia a detergentes de las amas de casa") se obtienen buenos resultados usando cremas a base Propóleo y Caléndula.
Se utiliza desde antiguo para conjuntivitis, y en medicina islámica era muy usado para cicatrizar las heridas. Se sabe que los egipcios utilizaban el propóleo como parte de los ingredientes para conservar las vísceras de los faraones.
Una última observación sólo para hacernos reflexionar: un insecto tan pequeño nos aporta enormes beneficios a la humanidad: miel, propóleo, jalea real, cera…. A veces en lo pequeño está la enormidad.