El TA-65 es una sustancia química extraída de la raíz de una planta, el Astragalus membranaceus (utilizada desde hace cientos de años en la
medicina tradicional china, y como
suplemento nutricional desde hace unos años). Esta sustancia tiene la propiedad de activar un sistema enzimático, la telomerasa, que evita que se acorten los telómeros de los cromosomas, ralentizando el proceso de envejecimiento celular.
Los telómeros (del griego “telos”, final; y “meros”, parte) son los extremos de los cromosomas, que son estructuras en forma de doble hélice formadas por ADN, y que guardan toda la información genética de un organismo. Los telómeros están formados por secuencias de ADN que no codifican genes, altamente conservadas, repetidas en tandem (TTAGGG) muchas veces y con unas proteínas asociadas que presentan una estructura especial que previene la fusión y degradación telomérica. Los telómeros protegen al ADN del resto del cromosoma de ser atacado por sustancias que lo degraden (como un casco en la cabeza de un motorista).
Cada vez que la célula se divide también lo hacen sus cromosomas, y con cada división se pierde un trocito de los telómeros. Cuando la célula se ha dividido un número determinado de veces ha perdido gran parte de los telómeros y esto provoca la activación del mecanismo de muerte celular. El número máximo de divisiones que soporta una célula humana está entre las cuarenta y las sesenta, según la estirpe celular.
Se ha comprobado que las mujeres tienen los telómeros de sus cromosomas más largos que los de los hombres, y estudiando la longitud por países se encuentran diferencias también, por lo que podemos concluir que la longitud de los telómeros se encuentra definido por la genética pero también por el ambiente.
Las
células tumorales, son células normales que han perdido la limitación en el número de veces que pueden dividirse, por ello lo hacen sin control y provocan la aparición del tumor. Estas células tienen los telómeros muy largos porque existe una enzima la Telomerasa, (descubierta en los años 80 por Elizabeth Blackburn) que extiende los telómeros, evitando que se acorten.
El equipo de investigadores de Sierra Sciences, trabajando en conjunto con científicos de TA Sciences, Geron Corporation, PhysioAge, y el Spanish National Cancer Research Center, descubrió el
TA-65 y comprobó que puede activar el gen que codifica la telomerasa en humanos. La activación de este gen podría prevenir que se acorten los telómeros deteniendo el proceso de envejecimiento.
En pacientes infectados con CMV, un virus que provoca el envejecimiento prematuro del
sistema inmunológico y reduce significativamente la expectativa de vida, TA-65 ocasionó una aparente “reversión de edad” de aproximadamente 5 a 20 años, basándose en un biomarcador de envejecimiento inmunológico, (nos indica la edad biológica de un organismo) .
Por la misma razón, la activación de la telomerasa es un
tratamiento potencial para el SIDA. El VIH provoca el SIDA cuando las células del sistema inmunológico desarrollan telómeros demasiado cortos. El VIH puede hacer que el sistema inmunológico muera de viejo mientras que el resto del cuerpo aún esté joven. Un activador de telomerasa podría, en teoría, evitar que un individuo VIH positivo desarrolle el SIDA.
Por lo que sus efectos secundarios se refieren, a largo plazo todavía son desconocidos. El costo del tratamiento estaría en torno a los 5000 dólares x año y sus resultados aun no son concluyentes.
Se han realizado estudios de suministro de telomerasa en ratones adultos y viejos, y se ha comprobado que viven una media de un 40% más. Si extrapolamos estos resultados a la vida humana conseguiríamos que una persona pudiera vivir hasta los 120 años con buena calidad de vida.
Se están haciendo combinaciones de fármacos para evitar la formación de tumores, suministrando la telomerasa con un activador de los llamados “genes basurero” que se encargan de eliminar cualquier célula dañada. De esta forma se destruye cualquier célula pretumoral que pudiera hallarse en el organismo antes de ser tratada con la telomerasa.
Estos estudios aun se hayan en una fase muy temprana de experimentación, puesto que aun no se ha comenzado la experimentación clínica con humanos, pero la “mecánica” interna de ratones es muy similar a la nuestra y las expectativas son muy altas, podemos decir, sin temor a equivocarnos que nos encontramos en el inicio del camino para encontrar la fuente de la eterna juventud.